Con este, comienzo una serie de posts para tratar un poco las pequeñas y sutiles diferencias entre la vida acá y la vida allá. Y no me refiero a la vida en cuanto a los precios ni a las marcas, sino a esas cosas del vivir cotidiano que uno cree son iguales en todos lados, pero termina dándose cuenta de que… absolutamente no.
Pero antes de empezar (o mejor, para empezar), una pequeña anécdota.
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Como algunos sabrán, tener un smartphone en el Viejo Continente, no es para nada difícil, ni caro, ni raro. De hecho, a Jon le costó 1 sólo euro comprarse su lindo BlackBerry. Sin embargo, un par de semanas después, el pad le empezó a fallar (abstenerse de preguntarme cómo traducir pad porque… no tengo ni idea). Un poco triste, llamó a la compañía de teléfono y le contó lo que le pasaba, que era muy raro por ser tan nuevo. Entonces, el expeditivo servicio al cliente le dijo: “venga mañana a tal lugar con su celular, que se lo cambiamos por otro”. (Ya como para adentrarse en el marco del post…)
Con Jon más contento fuimos hasta ese tal lugar. Teníamos que buscar el 11 de Av. des Minimes y encontrar un cartel que diga Sion… Bueno encontrarlo, encontrarlo.. no fue difícil. Pero apenas abrimos la puerta, casi que la cerramos y salimos para ver si efectivamente ese era, o no, el bendito lugar: lo único que se veía era ropa, muuucha, muucha ropa africana. Al fondo, una señora, negra, con igual cantidad de años que de kilos demás, le daba y le daba a la máquina de coser. Hacía más ropa, más y más ropa. En ese momento, durante los 2 segundos que tardamos en cruzar el local.. dos, tres, cuatro preguntas se me vinieron a la cabeza, completamente confundido: ¿Un local de ropa? ¿Jon no quería cambiar su celular? Capaz me equivoqué.. y quiere comprarle ropa a alguien.. Ay, espero que no a Agus!
Casi que con cuidado, Jon le preguntó si ese era el lugar donde podía cambiar su celular… Y la negra, imperturbable, terminó primero la costura, lo miró al francés, y debajo de una enorme pila de tela dorada, sacó una caja. Y le dijo: “Sí sí, aquí es”, con una naturalidad y sequedad tal que parecía decirle “¿No te parece obvio, pibe?”. A los dos minutos, entre todas las togas y vestidos, había un teléfono nuevo, una pistola lectora de códigos de barra, chips, baterías y hasta un aparato de compra-venta digital con lápiz óptico incluido, para realizar toda la transacción.
Yo miraba todo desde atrás, y si bien la escena, en esencia era simple, no entendía nada de lo que estaba pasando. Pero bueno, se ve que acá, si el negocio va mal.. el rebusque no es salir a manejar un taxi, sino facilitar el cambio de aparatos al 2×1: traés el viejo, te llevás el nuevo y una confusión de regalo.
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Paso entonces a describir algunas de las varias diferencias que hemos notado en el vivir cotidiano de esta ciudad.
En sus 118 km cuadrados (sí, es un poco más grande que París), Toulouse cuenta con 2 líneas de subte: la A y la B. Pero estos subtes… no son subtes típicos: sólamente tienen 2 vagones. Creo haber visto alguno de la línea A con 3, pero se ve que ese día había un pico de gente con ganas de viajar bajo tierra. Automáticamente, uno piensa que bueno.. está bien, serán 2 pero deben ser grandes, con muchos asientos, así valen por los demás vagones…. Son los subtes más angostos y chiquitos que vi. Tan chiquitos que, viniendo de Buenos Aires, da miedo la sola idea de imaginarse eso en hora pico.
Pero una vez más, la ignorancia de los del tercero es superada por la tecnología de los del primero: no sólo entramos todos, sino que el máximo tiempo de espera en hora pico es de 3 minutos, nadie empuja para entrar y, mejor aún: nadie lo conduce. Sí, automáticos los subtes, andan a toda velocidad y frenan sincronizadamente en cada estación por un tiempo perfectamente cronometrado hasta para abrir y cerrar las puertas. Pero ahí no termina: acá es imposible querer suicidarse y tirarse a las vías: no señor, nada de subir el índice de suicidios; ponemos una enorme pared de polímero transparente y chau. Obivamente, le ponemos un par de puertas deslizantes para que se pueda subir y bajar del tren…. Pero eso sí, el subte sin conductor tiene que frenar exactamente para que coincidan las puertas y éstas, abrirse y cerrarse en conjunto para no matar a nadie… porque eso sí que sería ser contraproducente!
Ayer, llegué y el subte justo se estaba yendo. 30 segundos después, me subí al otro. A veces pienso en los vagones de 1913 de la línea A (Carabobo – Plaza de Mayo) y me río. Igualito, igualito….